PEREGRINACION DE LA DIOCESIS DE CORDOBA

A LA BASILICA DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE

 

Homilía de Mons. Eduardo P. Patiño Leal, Obispo de Córdoba

Martes 11 de junio de 2019

Muy queridos hermanos y hermanas: 

Nos volvemos a encontrar como cada año, en esta “casita” que pidió la Señora del Cielo, nuestra Madrecita María de Guadalupe, para aquí mirarnos Ella con sus ojos misericordiosos y escuchar de nuestras pesares y nuestros anhelos, y mostrarnos aquí a su Hijo Jesucristo, a quien presentó ante Juan Diego como el “verdadero Dios por quien se vive.”

En Jesucristo, – hermanos – los discípulos y apóstoles reconocieron que Dios cumplía fielmente sus promesas, “recordando su santa Alianza, para con Abraham y su descendencia por siempre”. Jesucristo es el DIOS FIEL, anunciado por el profeta Isaías como el DIOS DEL AMEN, el Dios salvador que trae consigo una vida nueva, donde “las angustias pasadas habrán sido olvidadas”. 

Así decía el profeta Isaías:

Todo el que se bendiga en el país, se bendecirá por el Dios del Amén, y todo el que jure en el país, jurará por el Dios del Amén, porque las angustias pasadas habrán sido olvidadas y estarán ocultas a mis ojos.     –    (Isaías 65, 15s)

 Así está profecía se cumple cabalmente en Jesús, enviado del Padre, el Dios del Amén.

Dios Padre lleno de misericordia y fidelidad, nos envío a su Hijo a quien se le llama también el “Amén”: «El que es el Amén, el Testigo fiel y verídico, el Principio de las obras de Dios (Ap. 3,14).   En Jesucristo podemos confiar con solidez, con absoluta firmeza; en Cristo, nunca seremos defraudados. 

Hoy San Pablo nos recuerda que Jesús “el Hijo de Dios” a quien les hemos anunciado Silvano, Timoteo y yo, no ha sido primero un “sí” y luego un “no”,… “en él todo ha sido un sí”, pues todas las promesas de Dios se han cumplido en él, por eso el “Amén” con que glorificamos a Dios lo decimos por medio de (Cristo) él.”  “Y es Dios quien a ustedes y a nosotros nos fortalece en Cristo, el que nos ha ungido, nos ha marcado con un sello y nos ha dado su Espíritu como garantía de salvación”(1 Cor. 1,19ss).

Este pasado Domingo celebramos con regocijo la Solemnidad de Pentecostés, la Fiesta del Espíritu Santo que transformó a los discípulos de hombres temerosos en valientes, de los que dejaron ya de titubear ante la visión del Resucitado, porque el Espíritu Santo les colmó con sus dones, con su libertad, con su alegría y con su audacia para llevar la Buena Nueva de Jesús.  Es el Espíritu Santo prometido, que nos sigue impulsando también a nosotros en el peregrinar como Iglesia diocesana que peregrina en Córdoba, que camina unida, – como dice mi lema episcopal – “in unitate spiritus”, “en la unidad del Espíritu” – sin perder la riqueza de su diversidad de carismas y dones que Dios concede libremente. 

Por eso, tenemos una gran paz y confianza cuando sabemos que no es el obispo, o los hermanos sacerdotes, los consagrados o los laicos quienes construimos la Iglesia en la unidad y la llevamos adelante: es el Espíritu Santo quien la conduce y la impulsa a crecer en la alegría del Evangelio.   Nos dice el Catecismo de la Iglesia que:

<< Creer es decir “Amén” a las palabras, a las promesas, a los mandamientos de Dios, es fiarse totalmente de El que es el Amén de amor infinito y de perfecta fidelidad. La vida cristiana de cada día será también el “Amén” al “Creo” – que recitamos cada domingo en nuestras parroquias – en la Profesión de fe de nuestro Bautismo: (CatIC 1064).>>

Al renovar nuestras promesas bautismales esta Pascua de 2019, volvimos a hacernos uno con Jesús, entregándole nuestra confianza y nuestro AMEN:  Nuestro Amén a Jesús y nuestro Amén al Espíritu Santo, que nos ha sellado y quien hace posible que vayamos siempre haciendo el bien para que se renueve la faz de la tierra.

Hermanos: Invoquemos confiados a nuestra Madre María, a la que en las Letanías aclamamos como “Virgen Fiel”.  Pidámosle a ella que supo decir “hágase en mi según tu Palabra”, a ella que dijo SÍ, – AMEN – al aceptar ser la Madre del Señor y prolongó durante toda su SI siempre:

  • con la confianza ilimitada en la misericordia de su Hijo en las Bodas de Caná,

  • con su AMEN silencioso al pie de la Cruz, asociada a esa espada que le atravesaría el alma,

  • con su AMEN perseverante convertido en oración suplicante unida a los Apóstoles en el cenáculo.

  • María sigue HOY con sus mirada maternal, diciéndonos a cada uno: SI. Quiere confiar en cada uno de nosotros como confió en el humilde indio Juan Diego a quien convirtió en su “mensajero muy digno de confianza”.  – Dijéramos: muy digno de AMEN.-   Convirtió a Juan Diego en un hombre del Amén a la Fe y a la confianza en María, la portadora del Evangelio para los pobladores de estas tierras.

Al darnos cita ante María de Guadalupe, hemos recordado las palabras del Señor:  Jesús espera de nosotros que seamos SAL de la tierra, SAL con la que la vida tendrá un sentido pleno y lleno de esperanza, para nosotros y para nuestros hermanos. Nos toca ser TESTIGOS de esta esperanza, para que los abatidos, los que pasan por duras pruebas, injusticias y atentados de la violencia, puedan esperar con nosotros a este Dios del AMEN, esperar en el Padre Bondadoso que nos fortalecerá para ser también nosotros el AMEN de Dios, sembrando justicia, salud, paz y reconciliación.

Hace rato pensaba: ¿por qué Jesús dice esa sal …? que tiene toda esa propiedad de darnos el sabor de la vida , el sentido de la vida, cuando ya no sirve se tira fuera para que la pise la gente, el lugar de honor en nuestras mesas para darle sabor, si nosotros le fallamos a Dios, es para que luego nos pisoteen: que no pase así con ningún discípulo de Cristo, que seamos AMEN,  para que nuestro testimonio le dé sentido a la vida de otros.  Recemos por nosotros, por nuestras familias y comunidades para darle sentido a toda nuestra vida en Cristo.

Jesús también espera de nosotros que seamos testigos que manifestemos claramente nuestra fe con obras de verdad y de amor,  que seamos LUZ para los demás, y de esa manera, al ver nuestras obras, alaben al Padre que está en los cielos. (Mateo 5, 16). 

La Virgen de Guadalupe, nos sigue invitando a confiar: recordemos sus palabras:

Oye y ten entendido, hijo mío el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige, no se turbe tu corazón, no temas esa enfermedad, ni otra alguna enfermedad y angustia. ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy yo tu salud? ¿No estás por ventura en mi regazo? ¿Qué s has menester?  (Nican Mopohua).

Cuando contemplamos las situaciones de nuestra patria, de nuestros hermanos migrantes y de las situaciones difíciles que transitan las familias, pensamos en todos los pueblos de América.  Todos cabemos en ese regazo lleno de misericordia de María de Guadalupe. 

Por eso la Emperatriz de América: es la Madre para los guatemaltecos, para los nicaraguenses, salvadoreños, para todos los de diversas ciudades de América Central y América del Sur, como lo es para nosotros los mexicanos y quienes la veneramos en toda la América del Norte, hasta Alaska, Canadá y Estados Unidos. Nuestras compatriotas en Estados Unidos – millones – han llevado este mensaje de Guadalupe a muchísimas personas en todo el mundo.  Que nos demos cuenta que todos cabemos en ese manto de la Virgen María.

Las palabras de María no nos consuelan porque desaparezcan necesariamente nuestros problemas, sino porque ella continúaacompañandoa quienes sufren, con la misma entereza y el mismo amor que la llevó a seguir de pie junto a la Cruz de su Hijo y AHORA nos acompaña intercediendo desde el cielo, a quienes pasamos – como dice la Salve – “por este valle de lágrimas y esperamos, después de este destierro, que ella nos muestre a Jesús, fruto bendito de su vientre”.

Hermanos: este viernes próximo, 14 de junio, estaremos celebrando los primeros 19 años como Diócesis de Córdoba, y al paso del siguiente día y los meses, comenzaremos a contar y completar el año 20 de nuestra Iglesia Particular. 

Unámonos a las intenciones del Santo Padre Francisco y oremos por la paz del mundo y por la paz y concordia en nuestra patria mexicana.  Encomendemos a nuestras familias, a nuestra Iglesia diocesana, sus vocaciones, sus sacerdotes, sus diáconos, sus consagrados y cada una de nuestras familias.   Para que seamos fieles a la encomienda que cada uno ha recibido.  Que todos podamos decir con Jesús y María, en el Espíritu Santo , AMEN al Padre maravilloso que nos llama constantemente y que bendice en nuestro caminar hacia su Reino.

Los invito a invocar a María, haciendo oración este canto que se oye en nuestras parroquias:

SANTA MARIA DEL AMEN

MADRE DE TODOS LOS HOMBRES,  ENSÉÑANOS A DECIR: AMEN.

  1. Cuando la noche se acerca  y se oscurece la fe.

  2. Cuando el dolor nos oprime  y la ilusión ya no brilla.

  3. Cuando aparece la luz y nos sentimos felices.

  4. Cuando nos llegue la muerte y tú nos lleves al cielo.

 

LA PALABRA SE HACE ORACIÓN.

PEREGRINACIÓN DE LA DIÓCESIS DE CÓRDOBA  A LA BASILICA DE GUADALUPE.

CDMX A 11 DE JUNIO DEL 2019

Obispo:Hagamos nuestras, hermanos, las necesidades de todos los hombres y presentémoslas  ante Dios. Después de cada petición diremos:

–  QUE LA SANTA MADRE DE DIOS INTERCEDA POR NOSOTROS.

  1. Para que los hijos de la Iglesia crezcan en número y en santidad y se haga así presente el reino de Dios en el mundo. Roguemos al Señor.

  2. Para que el Señor aumente la prudencia en los gobernantes y promuevan la paz y l concordia entre los pueblos. Roguemos al Señor.

  3. Para que el Espíritu Santo rejuvenezcay renueve constantemente nuestra Iglesia de Córdoba y todos sus fieles viva en fraternidad. Roguemos al Señor.  

  4. Para que el Espíritu Santofortalezca a nuestro obispo Eduardo y apaciente con caridad pastoral  la Iglesia  que le fue encomendad. Roguemos al Señor.

  5. Para que el Señor nos mueva a trabajar por el bienestar y la paz en nuestro estado de Veracruz y así aleje de él la inseguridad, el secuestro y la pobreza material que en estos momentos  esta padeciendo. Roguemos al Señor.

  6. Para que el obispo coadjutor próximo a llegar, tenga buena voluntad de servir y colaborar en el ministerio de servicio que compartirá con nuestro obispo Eduardo en favor de las personas de nuestra Iglesia local. Roguemos al Señor.

  7. Para que todos nosotros, por intercesión de la Santísima Virgen María de Guadalupe, perseveremos en el bien hasta la muerte. Roguemos al Señor.

  8. Para que todos los que han participado en esta peregrinación al volver a sus hogares, sean portadores del amor que Dios le ha permitido experimentar al visitar la casita del Tepeyac. Roguemos al Señor.  

Obispo: Atiende,  Señor, las súplicas que te hemos dirigido, por intercesión de la santísima Virgen María de Guadalupe y dales pleno cumplimiento. Por Jesucristo, nuestro señor.